Protocolos de inmovilización de fracturas en ortopedia

inmovilización con férulasUna caída repentina o un impacto directo pueden desencadenar un desafío que va más allá del dolor: la necesidad de detener cualquier movimiento óseo para favorecer la curación. En ortopedia, aplicar protocolos precisos de inmovilización de fracturas establece las bases para una reparación exitosa y reduce el riesgo de complicaciones. A continuación, se describen las etapas esenciales, desde la evaluación inicial hasta el seguimiento post-inmovilización.

Protocolos de Inmovilización de fracturas en ortopedia

  1. Evaluación y diagnóstico preciso
    Antes de inmovilizar una fractura, el especialista realiza una exploración física minuciosa y solicita radiografías o tomografías. Esto permite identificar el tipo de fractura (simple, conminuta o desplazada) y planificar el tratamiento adecuado. Detectar posibles lesiones vasculares o nerviosas en esta fase es fundamental para evitar secuelas.

  2. Reducción y alineación
    Cuando los fragmentos óseos están desalineados, se procede a la reducción—manual o quirúrgica—para recolocar los extremos en su posición anatómica. Esta maniobra es clave para garantizar que el hueso consolide correctamente y no queden deformidades.

  3. Selección de la técnica adecuada
    Existen diversas técnicas para fracturas óseas, y la elección depende de la ubicación y la complejidad de la lesión:

    • Férulas termoplásticas o semirrígidas: ideales para fracturas estables de extremidades superiores, permiten adaptarse al contorno del miembro y facilitan el cuidado diario.

    • Yeso convencional: proporciona rigidez total, recomendable en fracturas de tibia, peroné o húmero con desplazamiento significativo.

    • Fijadores externos: utilizados en fracturas abiertas o inestables, son sistemas modulares que facilitan el acceso para curaciones sin retirar todo el dispositivo.

  4. Aplicación y ajuste del dispositivo
    Al colocar el vendaje o yeso, se debe usar vendajes de algodón como barrera para proteger la piel y añadir almohadillas en puntos de presión ósea. Modelar el yeso cuidadosamente garantiza un ajuste uniforme. Tras la inmovilización, es importante comprobar que la circulación no se vea comprometida: introducir un dedo entre la piel y el dispositivo confirma un margen seguro.

  5. Tratamientos de inmovilización y manejo del dolor
    Los tratamientos de inmovilización incluyen, además del dispositivo, medidas de soporte:

    • Elevación de la extremidad para reducir la inflamación.

    • Analgésicos y antiinflamatorios para controlar el dolor y facilitar el reposo.

    • Compresas frías en las primeras 48 horas, aplicadas alrededor del yeso para mitigar la hinchazón.

  6. Revisiones periódicas
    Cada 7 a 10 días, el paciente asiste al ortopedista para inspeccionar el estado de la inmovilización. Se evalúan signos de irritación cutánea, circulación y consolidación ósea mediante nuevas radiografías. Ajustes puntuales o recambios de vendaje evitan complicaciones como úlceras por presión.

Rehabilitación tras la Inmovilización de fracturas

Retirar el soporte no marca el final del proceso, sino el inicio de la rehabilitación. Un fisioterapeuta diseña un plan de movilización pasiva seguido de ejercicios de fortalecimiento progresivo y recuperación funcional. Incorporar actividades diarias de forma gradual restaura la independencia del paciente sin forzar la zona afectada.

Una nutrición balanceada, rica en calcio, vitamina D y proteínas, complementa estos protocolos, favoreciendo la formación de un callo óseo robusto. Con un abordaje integral que combine protocolos ortopédicos, tratamientos de inmovilización y rehabilitación supervisada, la inmovilización de fracturas se convierte en el pilar de una recuperación óptima y duradera.

 


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